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La cosa que nos cuesta una fortuna todos los días

Escrito por piggo

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Imagina lo siguiente: te quedas dormido porque se le acabó la pila a tu ‘cel’, abres los ojos después de escuchar a la escandalosa de tu vecina pasar corriendo para llevar a su hija a la escuela.

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Te paras de un sólo golpe, te medio bañas, medio desayunas, medio agarras las cosas que necesitas. ¿Lunch? ni pensarlo, ¿Tu café que tanto te encanta? menos, ¿Pasear a Canito? ni en sueños.

Agarras las llaves del coche y ¡chin! te acuerdas que ¡Hoy no circulas! Para colmo no traes ni un peso en la cartera, así que sólo te queda pedir un Über con tarifa extrema para que llegues no tan tarde a tu oficina.

Con la cabeza agachada, sin desayunar, sin lunch y con un cargo a tu tarjeta que no esperabas, te sientas en tu lugar con la esperanza de que tu jefe no se dé cuenta de que no habías llegado.

Todo por culpa de la prisa.

La prisa siempre nos acaba costando más de la cuenta. El porqué, bueno tiene que ver con que queremos acelerar las cosas.

Ese extra de velocidad casi siempre se traduce en un sobreprecio. Por ejemplo, te quieres comprar un auto nuevo y no has reunido lo suficiente, lo más fácil es solicitar un crédito en lugar de esperar un poco y con ello pagar los intereses.

El otro caso es cuando dejamos de hacer cosas o las posponemos, y de pronto haberlas dejado de lado se traduce un costo de oportunidad.

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3 consejos para lidiar con la prisa

Para que la prisa no te coma el mandado aplica estas 3 sencillas reglas:

1. Si no estás listo, no lo hagas: A lo largo de nuestra vida financiera tenemos que atravesar por diversos escalones, los primeros nos ayudan a alcanzar los siguientes, pero todos deben ser sólidos, de lo contrario nos tambalearemos y muy seguramente sufriremos un resbalón. No corras, recuerda más vale ‘paso que dure y no trote que canse’.

2. Lo vale o no: Forzar las cosas es costoso, no sólo en cuestiones de dinero, también es tremendamente cansado y eso es lo último que queremos. La prisa es un mal consejero que nos hace creer que necesitamos las cosas ‘ya’. Antes de que te avientes sin decir ‘agua va’ haz una pausa para pensar si realmente vale la pena y en cuánto te va a salir el ‘negocito’.

3. Usa el tiempo a tu favor: El tiempo es el mejor amigo de la prisa. Aunque también puede ser el tuyo. Así que cámbiate el ‘chip’ y empieza a pensar más en el largo plazo y menos en el ‘ya’.

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